El realismo

Las obras realistas tienen dos importantes retos; una es alcanzar la elevación de espíritu y expresión, y otra conseguir el efecto dramático sin perder la sensación de naturalidad. Los vestuarios y escenografías, rigurosos y fieles a la realidad, y el escenario de “medio cajón” tenderían precisamente a proporcionar esta sensación ilusoria de estar contemplando algo que sucede realmente.

En Francia, El Teatro Libre de Antoine era el verdadero escaparate del Realismo y fundó el modelo de teatro experimental que luego se seguiría en el resto de Europa y en Estados Unidos. Supuso una renovación en la forma de interpretar, pues hizo que los actores hablaran y se movieran como seres humanos reales, eliminando la norma de no dar la espalda al público. Utilizaba decorados realistas, con muebles reales de la época, sin usar bambalinas ni telones. Su proyecto supuso un triunfo para el teatro ya que logró encontrar una forma realista de representar, humanizó la actuación, estimuló la creación de nuevos dramaturgos y creó la idea de los conjuntos actorales.


“Vieille renommée”, puesta en escena de André Antoine

En Rusia, el Realismo se convirtió en teatro psicológico. El Teatro del Arte de Moscú, consigue que Antón Chejov, que había fracasado anteriormente con su obra “La gaviota”, se convenciera de seguir escribiendo para el teatro, y así surgieron obras maestras del drama como “El tío Vania”, “Las tres hermanas” o “El jardín de los cerezos”. En sus obras no se produce el conflicto de héroes o heroínas, sino que la historia parte ya de un conflicto en el que esos héroes y heroínas han sido ya derrotados; no luchan, sino que se abandonan a un destino ya cumplido; la obra desarrolla esa derrota vital de los personajes.

Bernard Shaw, un autor que cosecha grandes éxitos con comedias de fino humor, como “Casa de Viudos” o “El soldado de chocolate”. Su obra culminante fue “Cándida”. La continuada calidad de sus obras le consagraron como el más grande de los dramaturgos ingleses modernos.

George Bernard Shaw

En Inglaterra, en la década de los años 1890, aparecen dos dramaturgos realistas de importancia. Oscar Wilde cautivó al público londinense con sus comedias de alta sociedad, llenas de ironía, en las que manejaba como nadie un lenguaje cínico y elegante; escribió cuatro comedias cuya culminación fue “La importancia de llamarse Ernesto”.

La obra se estrenó en 1895, bajo el subtítulo: “comedia banal para gente muy seria”. Toda ella es un juego de acciones y lenguaje, aprovechando los dobles sentidos de las palabras y las significaciones sociales de los términos, la puesta fue todo un éxito que se vio empañado por el escándalo propio de una sociedad puritana y cruel, deseosa de ver caer al hombre que se había atrevido a cuestionar las bases y principios de esa misma sociedad.

El Realismo español está representado por las obras teatrales de Benito Pérez Galdós, que a veces son adaptaciones de sus novelas, y por Echegaray, que obtuvo el Premio Nobel , y que fue un autor de éxito en su momento, pero hoy poco considerado.

Fuente: https://arteescenicas.wordpress.com/2010/02/10/teatro-del-siglo-xix-teatro-realista-y-naturalista/


El simbolismo

Fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX, originado en Francia y en Bélgica. En un manifiesto literario, publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Para los simbolistas, el mundo es un misterio por descifrar, y el poeta debe para ello trazar las correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles (por ejemplo, Rimbaud establece una correspondencia entre las vocales y los colores en su soneto Vocales). Para ello es esencial el uso de la sinestesia.

Para el poeta el símbolo debe ser portador de una imagen que genere una sensación particular, y su sonido al pronunciarse debe acoplarse a la música total del poema. Algunos de los símbolos se hicieron tan populares por su sonido y su poder evocador, que en poco tiempo se fue conformando una convención, que los poetas de la época compartían. El ejemplo más notable de esto se da con la palabra azur, la cual es una mezcla de las palabras azul y cielo, y que se convirtió en una de las más famosas convenciones literarias del simbolismo. Existen tres tipos generales de símbolos:

Los símbolos naturales, los símbolos míticos y los que fusionan lo abstracto y lo concreto. No queremos por tanto en este estudio del simbolismo hacer un análisis partiendo de la semiótica o el interaccionismo simbólico, sino observarlo desde un punto de vista puramente estético, literario en este caso, para dar cuenta de los ejes o columnas vertebrales de la estética simbolista que puedan servirnos de apoyo para un posterior análisis de una puesta en escena simbolista, en un contexto distinto a la Europa de finales del siglo XIX.

Paul Fort y Lugné-Poe dan inicio al Teatro de Arte en París. Una historia de las reacciones: simbolismo versus realismo-naturalismo. Concepción de mundo: “la realidad” no es una percepción inmediata de lo empírico, es un ámbito de revelaciones “suprasensibles”. El “mito de la caverna” de Platón como antecedente filosófico de dicha visión.

Mito de La Caverna de Platón

Se retoma la visión platónica del mundo, para liberarla del canon burgués, materialista y pragmático. Se aproxima a la tradición filosófica y artística de Kant, del romanticismo, Wagner y Nietzsche. Frente a la visión objetivista, racional y utilitaria del realismo y sus bases científico-sociales, el simbolismo propone un mundo inefable, invisible, misterioso. Un mundo de lo suprasensible, alejado de la realidad percibida y evidente.

Procedimiento base: el símbolo A partir de esta concepción de mundo: ¿cómo se vincula lo real con lo ficción? El símbolo es el procedimiento base: punte entre lo sensible y lo suprasensible. El símbolo es lacónico, infinito, opaco, denso y condensador de múltiples significaciones. El símbolo es una enunciación metafísica de lo invisible, de aquello que lo empírico no capta.

Reglas de juego simbolistas El teatro es expresión del misterio y presencia de la alteridad, de lo sagrado. Apela a lo extracotidiano, propone un mundo autónomo, sin lógica frente a lo conocido. La escena entabla conexiones con lo inefable, lo ancestral, lo maravilloso. Sinestésico: articulación de sensaciones y sentidos (perfumes, colores, sonidos…) Obra de arte total según la premisa de Wagner. Opacidad: estimula la imaginación del espectador limitándole información, pues incorpora el “no saber”. Lo oculto es sugerido, no enunciado.

Sinestesia en el Teatro Circo de Murcia

Escenotecnia no ilusionista: telón pintado, gasas, sombras y claroscuros. Cronotopo específico: sin lógica empírica, con primacía de las secuencias “pasajes” (sueños, fantasías, transformaciones). Causalidad implícita, difícilmente inteligible por su conexión con lo desconocido. Se valora lo “estático” y el “silencio”. Dice: “la palabra es del tiempo, el silencio es de la eternidad” No hay gradación de conflictos en la trama: la escena propicia la “ceremonia”.

No hay tesis o premisas ideológico-sociales. La escena muestra sólo “el misterio de vivir”, sin predicaciones. El actor/artista es un medium (chaman, sacerdote), no un intérprete. Los lazos entre lo invisible y lo visible se construyen por medio de: a) el animismo, b) el personaje u objeto “jeroglífico”. Se propone transformar el mundo ofreciéndole al espectador un contacto con lo “sagrado”.

El simbolismo en el teatro

Fuente: https://www.ecured.cu/Teatro_simbolista

Fuente: https://es.slideshare.net/siguryo/teatro-simbolista





El romanticismo a escena

En el Romanticismo, el autor que conjuga teoría y práctica teatral, adelantándose al resto de Europa, es el alemán Goethe. Este autor no sólo escribió obras que forman parte ya de la literatura universal, como Fausto, el mito del hombre que vende su alma al diablo, sino que también reflexionó sobre el hecho teatral, en su novela “Wilhelm Meister”, donde sigue la trayectoria y el aprendizaje de un muchacho que se va a dedicar vocacionalmente al teatro. En esta novela considera que el teatro es el único arte que puede comunicar con multitudes por medio de la poesía.

El mito de Fausto– novela de Goethe

Las obras de Friedrich Schiller, contemporáneo y amigo de Goethe, corresponden al movimiento Sturm und Drang, que preludió al Romanticismo alemán y europeo. Fue durante toda su breve vida dramaturgo y gerente de teatro. Sus obras son dramas históricos, como la primera de ellas, “Los bandidos”, a la que siguieon otras, como “Don Carlos”, “María Estuardo” o “Guillermo Tell

Producción infantil del Gran Teatre del Liceu
Representación Don Carlos

En Francia el Romanticismo en el teatro llega con el escándalo por el estreno de “Hernani”, de Víctor Hugo, en 1830. Hugo fundirá la tragedia y la comedia en el género llamado drama, como ya hicieran antes los alemanes, siguiendo la línea del teatro barroco; desdeña las reglas clásicas aristotélicas, de tanto vigor en Francia, interesándose más por el color local, el carácter de los personajes y su simbolismo.


“El Romanticismo es el liberalismo en literatura” – Víctor Hugo

Hugo además defiende la total libertad del autor para sus creaciones. La representación de su obra “Hernani” dividió al público francés en partidarios del clasicismo y partidarios de la libertad romántica, en una verdadera batalla campal que se repitió durante las cuarenta y cinco representaciones que tuvo la obra.

En España, los románticos se sintieron atraídos, como los europeos, por dramas históricos de escenarios insólitos, tenebrosos o exóticos, por personajes malditos, y por las tragedias en el que el amor y el destino llevan a los protagonistas a un desenlace desastroso. Uno de los grandes autores del teatro romántico español es José Zorrilla, que recrea de nuevo la figura del seductor demoníaco don Juan, en su obra “Don Juan Tenorio”, donde por primera vez el protagonista es salvado por el amor de doña Inés, y no condenado como sus antecesores.

La obra del Don Juan de José Zorrilla también cuenta con adaptaciones cinematográficas. En concreto, a través de este botón se llega a un enlace en el cual poder visualizar la misma.


Lo que el siglo XIX trajo al teatro

Siglo XIX

El salón del teatro de la ciudad era el lugar de reunión de toda la sociedad, no solo la acomodada, atraía incluso a la gente de pueblos cercanos.

En esta época se crean nuevos teatros, se diversifican las tendencias teatrales. Hay un mayor acercamiento del público a los actores, y se encuentran nuevas técnicas de actuación y representación.

El siglo XIX es una época de cambio en Europa, pues se produce una revolución política, social y económica, además de la llamada “revolución industrial”, que hace variar la composición social de los pueblos.

Para el teatro es un siglo de progreso, en primer lugar en el arte de escribir teatro. Se buscaba un cambio y una mejora artística, y al mismo tiempo aparecen nuevos auditorios, un público formado por la burguesía y las capas populares, generalmente poco instruidas, que buscaban en el teatro una forma de entretenimiento, de evasión.

Representación teatral en el siglo XIX

Los autores pasaron del Clasicismo al Romanticismo, y de éste al Realismo; aparece incluso, a fin de siglo, un teatro naturalista, mientras algunos autores crean un teatro poético y otros hacen vislumbrar ya el Expresionismo.

En esta época se crean nuevos teatros, que, sin embargo, disminuyen de tamaño, lo cual escénicamente es muy significativo, pues ese hecho diversifica la oferta de tendencias teatrales y crea una mayor cercanía del auditorio con el actor. 

OBRA: “UN PASEO ROMÁNTICO”

La obra tiene muy poca representación escénica y está interpretada por Blanca Portillo y José Coronado. La obra y su trama consiste en realizar un recorrido por el siglo XIX, a través del cual la gente será incitada a reflexionar sobre el contexto social y cultural que englobaba a la sociedad en aquella época y sobre muchas cosas que no están resueltas 200 años después. La obra es una crítica social y un análisis de la época.